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M. Arely
 
Aquí estoy, Señor, Tú me has llamado.
 
¿Qué es la vocación?
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
Vocación Vocación Vocación
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¿Cómo se que Dios me llama?

Todos estamos llamados a ser santos, puesto que el Señor quiere la salvación de todos. Pero en este camino, cada persona tiene en particular una vocación específica, que  corresponde a una expresa voluntad de Dios.

¡Hay que descubrir tu vocación específica!

La llamada de Dios está allí, al alcance de tu mano. Los proyectos que Él tiene de tu vida están escritos desde siempre; son imborrables.

No pienses que eres un ser creado al azar. No hay hombre ni mujer que tenga una existencia sin sentido, sin dirección.

¡Hay que dar una respuesta!

Si el Señor te llama ¿te vas a hacer sordo?; si te da la mano, ¿se la vas a rechazar?; pero, ¿cómo sé que me llama Dios? Ahora te diré:

Lo que no es vocación

La vocación no tiene nada que ver con:

  • Ímpetus emocionales
  • Desengaños sentimentales
  • Condicionamientos psicológicos
  • Disposiciones anímicas
  • Fenómenos sobrenaturales

Los cosquilleos interiores no guardan relación con la vocación. ¡Mucha atención! Te pueden confundir. Las cosas divinas se presentan entrelazadas naturalmente con las humanas.

No son componentes del llamado divino ni la edad, la salud, el talente, el gusto, ni los meritos personales.

Cuando Jesucristo propone al joven rico que lo deje todo y le siga, sabe que es mucho lo que debe abandonar, le ofrece muchos sacrificios y pocos consuelos; pero no obstante le llama.

Siempre hay que recordar que ante todo, la vocación es un don, un regalo gratuito.

Lo que sí es vocación

La vocación es el llamado personal que hace Dios a un hombre, a una mujer, en lo más intimo de su conciencia; un para qué, es decir, una misión por cumplir.

Dios nos llama, pero no en virtud de nuestras obras, sino en virtud de su propósito y de la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús. En la vocación no hay aparatosas apariciones de señales milagrosas, ni vientos impetuosos.

Cuando Dios habla puede haber:

  • Planteamientos del problema vocacional
  • Inquietudes en el alma, miedos; que pueden ser indicios de que el Señor pasa cerca
  • Un “no quiero” gritado por nuestro corazón
  • Deseos de ser mejor
  • Afanes de entregarse de un modo más generoso
  • Anhelos de cambiar de vida
  • Aspiraciones de encontrarse con algo que sacie las ambiciones
  • Ilusiones de hacer algo grande
  • Ansias de gastarse por el bien de las personas, etc.

La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia.

Nuestra vida cobra un relieve nuevo. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos a dónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos responsables por ese encargo que nos confía.

Cuando Dios llama a los hombres con una vocación especifica, es como si les tendiera la mano, porque nos busca uno a uno, como hijos suyos, y porque conoce nuestra debilidad.

Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, ésa que nos acerca: ¡Dios nos pide un esfuerzo, prueba nuestra libertad!

Dónde y cómo nos llama

En las Sagradas Escrituras encontramos llamados en los sitios más diversos:

  • Arriba de un árbol (Zaqueo)
  • Delante de unas redes (Santiago)
  • Bajo una higuera (Bartolomé)
  • Detrás de una mesa de impuestos (Mateo)
  • Dentro de una barca de pescador (Pedro)
  • Rodeado de higos y bueyes (Amós)
  • En el pastoreo del rebano (Moisés)
  • En el arado de la tierra (Eliseo)
  • En el Templo (Isaías)

A unos los llama desde niños, como a Samuel; a otros antes de los veinte años, como a Jeremías; otros, cumplidos los 75, como Abraham; o pasados los 80, como a Moisés y a Aarón.

A todos ellos se les llamó mientras estaban ocupados en su trabajo profesional. Al mismo Pablo lo llamó en medio de su afán por acabar con la semilla de los cristianos.

Pretextos y evasivas

Para que no te refugies en evasivas y dilaciones vanas, ahora te señalo algunos pretextos que no tienen valor ante los ojos de Dios:

  • El ser hijo único (Jesús era hijo único)
  • Considerarse indigno
  • Contar con muchas miserias
  • Tener novio o novia (según sea el caso)
  • Sentirse atraído por la vida matrimonial (sería extraño si no te atrajera)
  • El haber forjado ideales puramente humanos
  • Sentir miedo
  • No sentir nada, etc.

Lo importante es conocer la voluntad de Dios y seguirla

Ante las exigencias de la vocación, nuestro Señor pide generosidad con un

“Si quieres…”

Solo quiere personas voluntarias. No obliga, insinúa; no intimida, abre horizontes; no apaga ilusiones, enciende luces. Él se nos entrega y pide correspondencia.

Si la llamada llega a tu corazón, no la acalles. Deja que se desarrolle hasta la madurez de una vocación. Colabora con esa llamada a través de la oración.

Hay una gran necesidad de que a muchos llegue el llamado de Cristo:

“Sígueme…”

La Iglesia y el mundo actual tienen urgente necesidad de un testimonio de vida entregada sin reserva a Dios, tiene necesidad de tu respuesta.

 

Aportación de Fr. Juan María Huerta ofm.

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