VIRGEN DE GUADALUPE
Patrona de México
y Emperatriz de las Américas
"Confiamos a Santa
María de Guadalupe,
Patrona de México y de todo el continente, el destino
de los pueblos americanos y de su nueva evangelización"
-Juan Pablo II, enero 1999. |
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La Virgen Santísima se apareció
en el Tepeyac a San Juan Diego en 1531. Como prueba de su visita
la Virgen milagrosamente hizo que en aquel lugar aparecieran preciosas
rosas de Castilla y que su imagen se quedara permanentemente en
la tilma de su siervo. Ya en España existía la advocación
a la Virgen de Guadalupe en Cáceres y en La Gomera.
La milagrosa imagen de la Virgen
de Guadalupe se venera en México (y en todo el mundo) con
grandísima devoción, y los milagros obtenidos por
los que rezan a la Virgen bajo esta advocación son tan extraordinarios
que no se puede menos que exclamar: "El poder divino está
aquí". Dios Todopoderoso se complace en derramar sus
dones por medio de aquella a quien El escogió para ser su
madre.
Historia
Nunca han faltado, aun entre los
católicos, los que rechazan la historicidad de las apariciones
de la Virgen. Pero estos ataques se convierten en oportunidades
para nuevos estudios. Así ocurrió con los exhaustivos
estudios dirigidos por Fidel González mccj en preparación
para la canonización de Juan Diego y recogidos por la agencia
Zenit:
Quizá uno de los trabajos
más originales del padre González, quien ha sido asistido
en esta labor por otros miembros de la comisión, Eduardo
Chávez Sánchez y José Luis Guerrero Rosado
(cf. «El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego»,
Editorial Porrúa, México 1999, 564 pp.) es la presentación
de 27 documentos o testimonios indígenas guadalupanos y 8
de procedencia mixta indo-española. Entre todos ellos, destaca
el «El Nican Mopohua» y el llamado Códice «Escalada».
Los antiaparicionistas, sin embargo,
no pueden explicar con elementos históricos algunos aspectos
decisivos de la historia de México sin tener en cuenta el
milagro de Guadalupe. Como, por ejemplo, el que, después
una conquista dramática y tras dolorosas divisiones y contraposiciones
en el seno del mundo político nahuatl, en un lugar significativo
para el mundo indígena, en el cerro del Tepeyac, se levantara
en seguida una ermita dedicada a la Virgen María bajo el
nombre de Guadalupe, que con la Guadalupe de España coincide
sólo en el nombre.
No explican tampoco cómo Guadalupe
se convirtió en señal de una nueva historia religiosa
y de encuentro entre dos mundos hasta ese momento en dramática
contraposición.
.... Existen otras muchas pruebas
históricas sobre la existencia de Juan Diego, como, por ejemplo,
la tradición oral, fuente decisiva al estudiar a los pueblos
mexicanos, cuya cultura era principalmente oral. Esta tradición,
en esos casos suele obedecer a cánones bien precisos y, en
el caso de Guadalupe, siempre confirma la figura histórica
y espiritual de Juan Diego. Quien quiera profundizar en el aspecto
histórico del vidente de Guadalupe, puede leer a continuación
el artículo inédito escrito por una de las personalidades
más competentes en la materia, Fidel González, presidente
de la Comisión histórica sobre Juan Diego constituida
por la Santa Sede.
La
siguiente historia es tomada del escrito del indio Nican Mophua
del XVI
Un sábado de 1531 a principios
de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada
del pueblo en que residía a la ciudad de México a
clase de catecismo y a la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado
Tepeyac amanecía y escuchó que le llamaban de arriba
del cerro diciendo: "Juanito, Juan Dieguito".
Él subió a la cumbre
y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era
brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas
le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos,
¿a dónde vas?... sabe y ten entendido, tú el
más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen
Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive;
del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo
y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo,
para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión,
auxilio y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos
vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás
amadores míos que me invoquen y en Mí confíen;
oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias,
penas y dolores.
Y para realizar lo que mi clemencia
pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás
cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo,
que aquí en el llano me edifique un templo: le contarás
puntualmente cuanto has visto y admirado y lo que has oído...
Hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu
esfuerzo"
Él se arrodilló y le
dijo: "Señora mía, ya voy a cumplir tu mandado;
por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo". Y se fue
de prisa a la ciudad y camino al Palacio del Obispo, que era Fray
Juan de Zumárraga, religioso franciscano.
Cuando el Obispo oyó lo que
le decía el indiecito Juan Diego, no le creyó. Solamente
le dijo: "Otro vez vendrás, hijo mío y te oiré
más despacio, lo veré muy desde el principio y pensaré
en la voluntad y deseo con que has venido".
Juan Diego se volvió muy triste
porque no había logrado que se realizara su mensaje. Se fue
derecho a la cumbre del cerro y encontró allí a la
Señora del Cielo que le estaba aguardando. Al verla se arrodilló
delante de Ella y le dijo: "Señora, la más pequeñas
de mis hijas, Niña mía, fui a donde me enviaste a
cumplir tu mandado; aunque con dificultad entré a done es
el asiento del prelado; le vi y expuse tu mensaje, así como
me advertiste; me recibió benignamente y me oyó con
atención; pero en cuanto me respondió, pareció
que no la tuvo por cierto... Comprendí perfectamente en la
manera que me respondió, que piensa que es quizás
invención mía que Tú quieres que aquí
te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual,
te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía,
que a alguno de los principales, conocido, respetado y estimado
le encargues que lleve tu mensaje para que le crean porque yo soy
un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy
cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú, Niña mía,
la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías
a un lugar por donde no ando y donde no paro."
Ella le respondió: "Oye,
hijo mío el más pequeño, ten entendido que
son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar
que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto
preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación
se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más
pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana
a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero
mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido."
Pero al día siguiente el obispo
tampoco le creyó a Juan Diego y le dijo que era necesaria
alguna señal maravillosa para creer que era cierto que lo
enviaba la misma Señora del Cielo. Y lo despidió.
El
lunes, Juan Diego no volvió al sitio donde se le aparecía
nuestra Señora porque su tío Bernardino se puso muy
grave y le rogó que fuera a la capital y le llevara un sacerdote
para confesarse. Él dio la vuelta por otro lado del Tepeyac
para que no lo detuviera la Señora del Cielo, y así
poder llegar más pronto a la capital. Mas Ella le salió
al encuentro en el camino por donde iba y le dijo: “Oye y
ten entendido, hijo mío el más pequeño, que
es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón,
no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No
estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo
mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por
ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester?
No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad
de tu tío, que no morirá ahora de ella: está
seguro que ya sanó... Sube, hijo mío el más
pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste
y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores;
córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja
y tráelas a mi presencia.”
Juan Diego subió a la cumbre
del cerro y se asombró muchísimo al ver tantas y exquisitas
rosas de Castilla, siendo aquel un tiempo de mucho hielo en el que
no aparece rosa alguna por allí, y menos en esos pedregales.
Llenó su poncho o larga ruana blanca con todas aquellas bellísimas
rosas y se presentó a la Señora del Cielo.
Ella
le dijo: “Hijo mío el más pequeño, esta
diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás
al obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad
y que él tiene que cumplirla: Tú eres mi embajador,
muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo
delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas.
Contarás bien todo; dirás que te mandé subir
a la cumbre del cerrillo que fueras a cortar flores; y todo lo que
viste y admiraste; para que puedas inducir al prelado a que te dé
su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido.”
Juan Diego se puso en camino, ya
contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del Obispo
le dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste, que fuera
a decir a mi Ama, la Señora del Cielo, Santa María,
preciosa Madre de Dios, que pedías una señal para
poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que
lo erijas; y además le dije que yo te había dado mi
palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste,
de su voluntad.
Condescendió a tu recado y
acogió benignamente lo que pides, alguna señal y prueba
para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mandó
que otra vez viniera a verte; le pedí la señal para
que me creyeras, según me había dicho que me la daría;
y al punto lo cumplió: me despachó a la cumbre del
cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas
de Castilla (...). Ella me dijo por qué te las había
de entregar; y así lo hago, para que en ellas veas la señal
que pides y cumplas su voluntad; y también para que aparezca
la verdad de mi palabra y de mi mensaje. He las aquí: recíbelas”.
Desenvolvió
luego su blanca manta, y así que se esparcieron por el suelo
todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella
y apareció de repente la preciosa imagen de la Virgen María,
Madre de Dios, tal cual se venera hoy en el templo de Guadalupe
en Tepeyac. Luego que la vieron, el Obispo y todos los que allí
estaban, se arrodillaron llenos de admiración. El prelado
desató del cuello de Juan Diego la manta en que se dibujó
y apareció la Señora del Cielo y la llevó con
gran devoción al altar de su capilla. Con lágrimas
de tristeza oró y pidió perdón por no haber
aceptado antes el mandato de la Virgen.
La ciudad entera se conmovió,
y venían a ver y admirar la devota imagen y a hacerle oración;
y le pusieron por nombre la Virgen de Guadalupe, según el
deseo de Nuestra Señora. Juan Diego pidió permiso
para ir a ver a su tío Bernardino, que estaba muy grave.
El Obispo le envió un grupo de personas para acompañarlo.
Al llegar vieron a su tío estaba muy contento y que nada
le dolía. Y vinieron a saber que había quedado instantáneamente
curado en el momento en que la Santísima Virgen dijo a Juan
Diego: "No te aflija la enfermedad de tu tío, que no
morirá ahora de ella: está seguro de que ya sanó".
El Obispo trasladó a la Iglesia
Mayor la santa imagen de la amada Señora del Cielo. La ciudad
entera desfilaba para admirar y venerar la Sagrada Imagen, maravillados
todos de que hubiera aparecido por milagro divino; porque ninguna
persona de este mundo pintó su preciosa imagen.
(hasta aquí el relato indio
del siglo XVI).
La maravillosa visita de la Virgen
ocurrió el martes 12 de diciembre de 1531, apenas diez años
después de la conquista de México. La madre de Dios
viene para dar a conocer el evangelio a los pobres indios vencidos
y para "mostrar y dar" todo su "amor y compasión,
auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre". El obispo
de México era Fray Juan De Zumárraga, franciscano
Durante cuatro días la Virgen
se había comunicado con Juan Diego hablándole en su
propia lengua, el náhualtl. Al identificarse, María
usó la palabra "coatlallope"; un sustantivo compuesto
formado por "coatl" o sea, serpiente, la preposición
"a" y "llope", aplastar; es decir, se definió
como "la que aplasta la serpiente". Otros reconstruyen
el nombre como "Tlecuauhtlapcupeuh" que significa: "La
que precede de la región de la luz como el Aguila de fuego".
De todas formas el vocablo náhualtl sonó a los oídos
de los frailes españoles como el extremeño "Guadalupe".
relacionando el prodigio del Tepeyac con la muy querida advocación
que los conquistadores conocían y veneraban en la Basílica
construida por Alfonso XI en 1340. ¡La Virgen se comunicó
de manera que la entendiesen tanto los indios como los españoles!.
(Vea: Guadalupe, España ).
La Virgen de Guadalupe dio al indio
Juan Diego un delicado trato de nobleza elevando proféticamente
la condición de todo su pueblo. El Señor "derriba
del trono a los poderosos y enaltece a los humildes". Al mismo
tiempo, La Virgen trajo reconciliación y no división
entre los nativos y los españoles. Les ayudó a ambos
a comprender que la fe cristiana no es propiedad de nadie sino un
don de amor para todos.
Cuatrocientos años debieron
pasar para que la cultura occidental reconociera admirada que la
imagen impresa sobre el ayate indígena era un verdadero códice
mexicano, un mensaje del cielo cargado de símbolos. Helen
Behrens, una antropóloga norteamericana descubrió
en 1945 lo que los ojos de los indios habían "leído"
en la pintura de la "Madre del verdadero Dios por quien se
vive" aquel diciembre de 1531.
Descripción
de la Imagen
La imagen de Nuestra Señora
de Guadalupe quedó impresa en un tosco tejido hecho con fibras
de maguey. Se trata del ayate, usado por los indios para acarrear
cosas y no de una tilma, que usualmente era de tejido más
fino de algodón. La trama del ayate es tan burda y sencilla,
que se puede ver claramente a través de ella, y la fibra
del maguey es un material tan inadecuado que ningún pintor
lo hubiera escogido para pintar sobre el.
La imagen de Nuestra Señora
de Guadalupe es una maravillosa síntesis cultural, una obra
maestra que presentó la nueva fe de manera tal que pudo ser
entendida y aceptada inmediatamente por los indios mexicanos. Es
imposible de describir aquí la rica y complicada simbología
que contiene este cuadro-códice porque cada detalle de color
y de forma es portador de un mensaje teológico.
El rostro impreso en el ayate es
el de una joven mestiza; una anticipación, pues en aquel
momento todavía no habían mestizos de esa edad en
México.
María asume así el
dolor de miles de niños, los primeros de una nueva raza,
rechazados entonces tanto por los indios como por los conquistadores.
El cuadro que se conserva en la moderna Basílica del Tepeyac
mide aproximadamente 66 x 41 pulgadas y la imagen de la Virgen ocupa
unas 56 pulgadas del mismo. La Virgen está de pié
y su rostro se inclina delicadamente recordando un poco las tradicionales
"Inmaculadas". Esta oportuna inclinación evita
que el empate que une las dos piezas del tejido caiga dentro de
la faz de la Virgen. El manto azul salpicado de estrellas es la
"Tilma de Turquesa" con que se revestían los grandes
señores, e indica la nobleza y la importancia del portador.
Los rayos del sol circundan totalmente a la Guadalupana como para
indicar que ella es su aurora. Esta joven doncella mexicana está
embarazada de pocos meses, así lo indican el lazo negro que
ajusta su cintura, el ligero abultamiento debajo de este y la intensidad
de los resplandores solares que aumenta a la altura del vientre.
Su pie esta apoyado sobre una luna negra, (símbolo del mal
para los mexicanos) y el ángel que la sostiene con gesto
severo, lleva abiertas sus alas de águila.
La Virgen de Guadalupe se presentó
ante sus hijos como la Madre del Creador y conservador de todo el
universo; que viene a su pueblo porque quiere acogerlos a todos,
indios y españoles, con un mismo amor de Madre. Con la prodigiosa
impresión en el ayate comenzaba un nuevo mundo, la aurora
del sexto sol que esperaban los mexicanos.
La imagen ha sufrido serios atentados
y ha salido incólume de ácidos corrosivos y hasta
de una bomba de gran tamaño que, en 1921, un desconocido
escondió entre flores que malvadamente le ofrecía.
Al explotar la bomba, causó gran destrucción. El crucifijo
de metal que estaba cerca de la Virgen quedó retorcido y
sin embargo la imagen de la Virgen quedó intacta. El cristal
del marco de su imagen no se rompió. Ver estudios
El
Santuario
El Tepeyac es el santuario mariano
mas visitado del mundo, superando en visitas a Lourdes y Fátima.
Cada año, 20 millones de fieles se acercan al venerado cuadro
para expresar a la Madre del Cielo el testimonio de su cariño
y veneración. El día de la fiesta, el doce de diciembre,
se calcula que casi tres millones de personas acuden al santuario.
En la actualidad la imagen milagrosa
está en la nueva basílica construida junto a la antigua
que se ha hundido notablemente. Los fieles pueden contemplar el
cuadro desde una estera móvil que a sus pies se desliza para
movilizar a los fieles y dar cabida a las multitudes que desean
venerarla. Como en todo santuario mariano, la basílica de
Guadalupe cuenta con una capilla del Santísimo donde los
fieles constantemente adoran al Señor.
La Basílica nueva tiene forma
redonda que simboliza la tienda que albergaba el Arca de la Alianza
en su marcha por el desierto; las lámparas interiores que
cuelgan del techo recuerdan la nube que guiaba al pueblo de Dios
día a día y la refulgente pared de oro que sostiene
el cuadro, representa la columna de fuego y luz que indicaba el
camino durante la noche.
Los
Papas y la Virgen de Guadalupe
Pío X proclamó a Nuestra
Señora de Guadalupe "Patrona de toda la América
Latina"; Pío XI, de "todas las Américas";
Pío XII la llamó "Emperatriz de las Américas";
y Juan XXIII, "La misionera celeste del Nuevo Mundo" y
"la Madre de las Américas". En esta gran basílica
Juan Pablo II beatificó al indio Juan Diego el 6 de mayo
de 1990.
En sus cuatro visitas a México,
Juan Pablo II ha visitado el Tepeyac y honrado con profundo amor
filial a la Virgen de Guadalupe a quien ha encomendado el continente
Americano y su nueva evangelización.
La Virgen de Guadalupe, defensora
de la vida
El Papa Juan Pablo II nos enseña
que, ante la actual cultura de la muerte, encontramos esperanza
en la Virgen de Guadalupe, la gran abogada y defensora de la vida
humana. Ella apareció embarazada. Los indios comprendieron
que les visitaba la Madre de Dios. Tras la conversión, los
indios cesaron de ofrecer sacrificios humanos que hasta entonces
eran comunes. Por eso la Iglesia pide hoy día su intercesión
para defender la vida contra el genocidio del aborto y otras amenazas
contra los inocentes.
En su cuarta visita a México,
del 22 al 26 de enero de 1999, Juan Pablo II puso a los pies de
la Virgen el documento del sínodo de las Américas
que en aquella ocasión entregó a la Iglesia como fundamento
para la Nueva Evangelización que solo es posible por la obra
del Espíritu Santo. La Virgen es la que propicia la obra
divina con su FIAT. Así es corredentora con su Hijo Jesucristo.
La cuarta visita del Papa a México coincidió con el
26 aniversario de la legalización del aborto en USA, poniéndose
así de relieve la gran batalla mundial por la dignidad de
la vida humana.
Estudios
Científicos sobre la Imagen de la Virgen de Guadalupe
Los asombrosos descubrimientos en
torno al cuadro de la Virgen de Guadalupe tienen a los científicos
en gran asombro. Se ha formado una comisión de científicos
para investigar los fenómenos inexplicables de esta tela
que era la ruana o poncho del indio Juan Diego.
El
Fenómeno de la Tela
Lo primero que llama la atención
de los expertos en textiles es que la tela del ayate sobre el que
está la imagen de la Virgen es de fibra vegetal de maguey.
Por su naturaleza, esta fibra se descompone por putrefacción
en veinte años o menos. Así ha sucedido con varias
reproducciones de la imagen que se han fabricado con este mismo
tejido. Sin embargo el ayate de la imagen ha resistido mas de 470
años en perfecto estado de conservación. Por causas
ininteligibles a los expertos, el ayate de la imagen es refractaria
a la humedad y al polvo.
La imagen de la Virgen de Guadalupe
estuvo 116 años expuesta a las inclemencias del ambiente,
sin protección alguna contra el polvo, la humedad, el calor,
el humo de las velas y el continuo roce de miles y miles de objetos
que fueron tocados a la venerada imagen, además del constante
contacto de manos y besos de innumerables peregrinos. Todo esto
sin que se haya deshilachado ni desteñido su bella policromía.
El
Fenómeno de la Imagen
La pintura que cubre la tela es otro
misterio. El sabio alemán Kuhn, premio Nobel en Química,
ha estudiado esta pintura, y su respuesta dejó atónitos
a los oyentes: "Estos colorantes no son ni minerales, ni vegetales,
ni animales". No han podido explicar el origen de los pigmentos
que dan color a la imagen, ni la forma en que esta fue pintado.
Se podría pensar que la tela
ha resistido tanto porque la habrían encolado y preparado
de manera especial como a otras pinturas famosas, para que tuviera
gran resistencia. Pero el Señor Callaga, del instituto espacial
NASA, de Estados Unidos, la ha estudiado con aparatos de rayos infrarrojos
y ha descubierto que la tela no tiene ningún engomado ni
preservativos, y que no se puede explicar cómo esa imagen
ha resistido cuatro siglos en un lienzo tan ordinario. Con estos
rayos infrarrojos se ha descubierto que la imagen no tiene esbozos
previos -como se ve en los cuadros de Rubens y Tiziano-, sino que
fue plasmada directamente, tal cual se la ve, sin tanteos ni rectificaciones.
La imagen no tiene pinceladas. La
técnica empleada es desconocida en la historia de la pintura.
Es incomprensible e irrepetible.
El
Fenómeno de las Pupilas
Un famoso oculista, Lauvvoignet,
examinó con un poderoso lente la pupila de la Virgen, y observó,
maravillado, que en el iris se ve reflejada la imagen de un hombre.
Esto fue al principio de una investigación que condujo a
los más inesperados descubrimientos.
Por medio de la digitalización
se observa en la pupila de una fotografía todo lo que la
persona estaba mirando en el momento de tomarse la foto. El Dr.
Tosnman, especializado en digitalización, le ha tomado fotografías
a la pupila de la Virgen de Guadalupe. Después de ampliarlas
miles de veces, logró captar detalles imposibles de ser captados
a simple vista. ¡Ha descubierto lo que la Virgen miraba en
el momento de formarse la imagen en la tilma de Juan Diego!
Los detalles que aparecen en las
fotografías de la pupila de la Virgen de Guadalupe son: un
indio en el acto de desplegar su ruana ante un religioso; un franciscano
en cuyo rostro se ve deslizarse una lágrima; un hombre con
la mano sobre la barba en señal de admiración; otro
indio en actitud de rezar; unos niños y varios religiosos
franciscanos más. O sea, todas las personas que según
la historia de la Virgen de Guadalupe, escrita hace varios siglos,
estaban presentes en el momento en que apareció la sagrada
imagen.
Lo que es radicalmente imposible
es que en un espacio tan pequeño, como la córnea de
un ojo situado en una imagen de tamaño natural, aún
el más experto miniaturista lograra pintar todas esas imágenes
que ha sido necesario ampliar dos mil veces para poderlas advertir.
La ciencia moderna se queda sin explicaciones
ante las maravillas de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Es una
realidad irrepetible. Sobrepasa todas las posibilidades naturales,
por lo que se puede decir que estamos ante un hecho sobrenatural.
Una tilma que no se corrompe. Unos
colores que no fueron pintados. Una pupila que contiene toda la
escena y todas las personas del momento del milagro. Estamos ante
una imagen que ni el tiempo ni los atentados de hombres llenos de
odio han podido vencer.
La Virgen no se impone, no reta,
no humilla a sus enemigos. El milagro de su presencia en el Tepeyac
es real pero muy sutil. Es un milagro que no aparece como tal a
primera vista. Quiere ser mas bien confirmación de la verdad
para ayudar a los corazones que se han endurecido pero que aun buscan.
Para los sencillos de corazón
los milagros no son necesarios para tener fe. Ellos captan por la
gracia del Espíritu el amor solícito de la Madre del
Cielo que viene por ellos.
Los enemigos de la Virgen son muchas
veces personas muy poderosas, pero pasan y se hacen polvo. La Virgen
permanece como testigo del amor de Dios que es eterno. Ella ha querido
ser un faro plantado en el corazón del continente Americano
para atraer a todos a Cristo, Salvador y Vida Eterna, única
esperanza ante la ruina en que se encuentra la humanidad. Ella ha
querido darnos un milagro para ayudar a las generaciones incrédulas.
Ha querido demostrar con su característica humildad, que
la ciencia tiene su función pero también sus límites.
Ella nos recuerda las palabras del ángel: "Para Dios
nada es imposible". |