Examen de conciencia
Precisamente por ser pecadores, nos cegamos ante nuestros pecados. Satanás quiere hacernos ver que no hay mal en lo que hacemos.
Entonces el corazón se endurece, se hace insensible a las exigencias del amor.
Por eso es tan importante la conversión del corazón.
Por eso, como dice el Espíritu Santo: "Si escucháis hoy MI voz, no endurezcáis el corazón… ¡Atención hermanos! Que ninguno de ustedes tenga un corazón malo e incrédulo…" Hb. 3.
Dios es un Padre amoroso que nos hace ver el pecado para darnos la gracia del arrepentimiento y perdonarnos. El nos quiere libres. El demonio no quiere que veamos nuestro pecado. Pero si buscamos el camino de Dios tratará de acusarnos con nuestros pecados para que nos desanimemos y volvamos atrás. Podemos discernir entonces la diferencia. Dios enseña el pecado para liberar y perdonar; el demonio lo esconde pero cuando lo enseña es para que desesperemos. Debemos rechazar enérgicamente estos pensamientos e ir a la confesión con toda confianza en el perdón de Dios. Dios SIEMPRE perdona cuando hay arrepentimiento.
Es muy provechoso hacer examen de conciencia diario y también, con toda humildad, abrirnos a que personas cerca de nosotros nos corrijan. "Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos condenados" (1 Cor. 11, 31).
El examen se hace ante Dios, escuchando su voz en la conciencia.
Preparación para la confesión
Preparación remota: Nos educamos en la fe por el estudio de la Palabra, el Catecismo, lectura de los santos, participación en enseñanzas… La practica seria de lo que aprendemos. El examen diario de conciencia.
Preparación inmediata: El examen de conciencia antes de confesar. Vamos a un lugar tranquilo, preferiblemente ante el sagrario, para orar. Solo Dios puede iluminar sobre nuestra realidad y darnos los medios para responder a la gracia.
Contemplamos la vida de Jesús y su amor manifiesto en Su Cruz. "Contemplen al que traspasaron" Jn 19:37. ¿Cómo he respondido a tanto amor, a tantas gracias?
Examinamos nuestra vida ante la ley de Dios. Por eso ayuda tener un examen escrito que nos recuerde lo que hemos olvidado. Recordamos que no se trata de sugerencias, Dios nos dio MANDAMIENTOS. Romperlos es romper nuestra alianza con Dios y caer en pecado.
No se trata tan solo de enumerar pecados sino de descubrir la actitud torcida del corazón y con DOLOR POR NUESTROS PECADOS, HACER EL FIRME PROPÓSITO DE NO VOLVER A COMETERLOS.
Siempre hay áreas en las que somos más débiles y requieren atención especial pero si comprendemos que Cristo no la cultura es la medida, veremos que en todo tenemos mucho que crecer.
La confesión sólo puede hacerse ante un sacerdote.
Después del examen se deben hacer resoluciones por escrito, valorando el estado actual para trabajar en él y revisarlo mas tarde.
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