Desde tiempos muy antiguos los católicos han tenido mucha devoción al Divino Niño Jesús y han honrado su santa infancia, considerando esta edad de Jesucristo como una maravilla de inocencia y amabilidad. Ya hacia el año 1200, san Francisco de Asís dispuso recordar con mucha solemnidad la Navidad haciendo un pesebre lo más parecido posible al de Belén y celebrando así entre pastores, ovejas, bueyes y asnos la Misa de la medianoche, y haciendo él mismo un hermoso sermón de Nochebuena recordando la gran bondad del Hijo de Dios al quererse hacer hombre en Belén por salvar nuestra alma. Más tarde san Antonio de Padua fue un devoto tan entusiasta del Niño Jesús que según las imágenes que de él se conservan, mereció que el Divino Niño se le apareciera.
En nuestra época, los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén fueron santa Teresa y san Juan de la Cruz. Santa Teresa de Jesús le tenía un amor tan grande al Divino Niño que un día al subir una escalera obtuvo una visión en la que contemplaba al Niño Jesús tal cual había sido en la tierra. En recuerdo de esta visión, la santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño y en cada casa de su Comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre ella misma dejaba de regalo al despedirse. Millones de creyentes han tenido la experiencia de pedir favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús y han conseguido maravillas, nosotros vamos a hacer lo mismo. Queremos honrar la infancia de Jesús y darle gracias por haber nacido en Belén para salvarnos.
En el año 1636 Nuestro Señor le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento esta promesa: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada”.
La devoción al Divino Niño en Monte María inicio cuando padre Rayito recibió de regalo la Novena del Divino Niño y la vida del padre Juan del Rizzo, iniciador de esta devoción en Colombia, a lo cual alguien le dijo que su confianza en la Divina Providencia de Dios se asemejaba a la que P. Rayito tiene en este sostenimiento de los medios de comunicación y cómo el pueblo con sus pequeñas aportaciones apoya las obras de Dios.
Todos hemos aprendido mucho, incluso para quienes en el 2005 realizaron ese viaje-peregrinación a Colombia, será una experiencia inolvidable. Y así, a partir de este viaje también se ha conocido y aprendido que el dar el diezmo constante y continuo a las obras de Dios, Dios siempre lo multiplica el ciento por uno. Oh Divino Niño, mi Dios y Señor, tu eres el dueño de mi corazón.
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