Miércoles
de Ceniza
El miércoles de Ceniza es el principio de la Cuaresma; un
día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro
deseo personal de conversión a Dios.
Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos
con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos
y creer de verdad en el Evangelio.
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura
de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para
toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual,
conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza
y ayuno riguroso.
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar
dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en
circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración
de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza
se inspiran en la Escritura: Génesis, 3, 19 y Marcos 1, 15.
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión
del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre
que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición
hace relación a la condición pecadora de quienes la
recibirán.
«Este
tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por
el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra:
"matanoeiete", es decir "Convertíos".
Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el
rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las
palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y
con la expresión "Acuérdate que eres polvo y
al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca
del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad
y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
La sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes
a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio
y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión
no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades
terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración
que implica una conciencia cada vez más diáfana del
hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la
tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final,
a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe
su justicia.
Sinónimo de "conversión" es así
mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio
de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo
esfuerzo en el seguimiento de Cristo.»
Juan Pablo II, Discurso del 16-2-1983
Lecturas
para reflexionar el Miércoles de Ceniza
Lectura del libro del profeta Joel (2, 12-18)
Esto dice el Señor: “Todavía
es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón,
con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón
y no sus vestidos.
Vuélvanse al Señor Dios nuestro, porque
es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en
clemencia, y se conmueve ante la desgracia.
Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros
y nos deje una bendición, que haga posibles las ofrendas
y libaciones al Señor, nuestro Dios.
Toquen la trompeta en Sión, promulguen un
ayuno, convoquen la asamblea, reúnan al pueblo, santifiquen
la reunión, junten a los ancianos, convoquen a los niños,
aun a los niños de pecho. Que el recién casado deje
su alcoba y su tálamo la recién casada.
Entre el vestíbulo y el altar lloren los
sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: ‘Perdona,
Señor, perdona a tu pueblo. No entregues tu heredad a la
burla de las naciones. Que no digan los paganos: ¿Dónde
está el Dios de Israel?’ ”
Y el Señor se llenó de celo por su
tierra y tuvo piedad de su pueblo.
De la segunda carta del apóstol san Pablo
a los Corintios (5, 20–6, 2)
Hermanos: Somos embajadores de Cristo, y por nuestro
medio, es Dios mismo el que los exhorta a ustedes. En nombre de
Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios. Al que nunca cometió
pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que,
unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos
volvamos justos y santos.
Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos
a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor dice:
En el tiempo favorable te escuché y en el día de la
salvación te socorrí. Pues bien, éste es el
tiempo favorable; éste es el día de la salvación.
Evangelio
según San Mateo 6,1-6.16-18.
Tengan cuidado de no practicar su justicia
delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario,
no recibirán ninguna recompensa del Padre que está
en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas
pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las
sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les
aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano
izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede
en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas:
a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas
de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen
su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate
a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está
en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste,
como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para
que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido
su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma
tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por
los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y
tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Sentido
de la imposición de ceniza
La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida
en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra
en el Cielo.
La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un
tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días
que la Iglesia marca para la conversión del corazón.
Las palabras que se usan para la imposición de cenizas,
son:
- “Concédenos, Señor, el perdón y
haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
- “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
- “Arrepiéntete y cree en el
Evangelio”.
Origen de la costumbre
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza
cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también
usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de
su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían
recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo,
se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad
vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba
su voluntad de convertirse.
En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido
penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia
de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días
de penitencia y conversión.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas
el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que
lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.
También, fue usado el período de Cuaresma para preparar
a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando
a Cristo con sus 40 días de ayuno.
La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda
que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se
va a convertir en polvo.
Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí
se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos
lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo
nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros
hermanos los hombres.
Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud
de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se
le impone a los niños y a los adultos.
Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma
La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen
se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos
de refrigeración adecuados, los cristianos tenían
la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos
los productos que no se podían consumir durante ese período
(no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)
Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes
anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas
carnavales en los que se consumían todos los productos que
se podrían echar a perder durante la cuaresma.
Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose
en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar
también todos los actos de los cuales se "arrepentirían"
durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles
en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada,
tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de
algunas ciudades, como en Río de Janeiro, Brasil o Nuevo
Orleans, Estados Unidos.
El
ayuno y la abstinencia
El miércoles de ceniza y el viernes santo son días
de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14
años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno
consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia
es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios
por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para
agradarlo siempre.
La oración
La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda
a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos
cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando
el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir
para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración
encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de
su voluntad.
Para
que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:
La hipocresía: Jesús no quiere que
oremos para que los demás nos vean llamando la atención
con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud
interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay
que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra
oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo
para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que
no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino
de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él;
nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por
eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos
debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios
no se le puede engañar.
El sacrificio
Al hacer sacrificios, debemos hacerlos con alegría, ya que
es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima
y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna.
Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que
nos va a recompensar.
El sacrificio, es preciso dulcificarlo con un amor grande a Dios.
El dolor nos engrandece cuando sabemos sobrellevarlo.
La Virgen María en su vida tuvo que llevar a cabo mucho
sacrificios y lo hizo con mucha alegría y amor a Dios.
Fuentes: Encuentra.com, Churchforum.org.mx, Catholic.net
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