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Espíritu
Santo
La doctrina de la Iglesia Católica
relativa del Espíritu Santo forma parte integral de su enseñanza
sobre el misterio de la Santísima Trinidad, de la cual San
Agustín (De Trin., II,iii,5) habla tímidamente diciendo:
"En ningún otro tema, es tan peligroso el error, o tan
difícil avanzar, o tan apreciable el fruto de un estudio
cuidadoso".
Los puntos esenciales del dogma,
pueden ser resumidos en las siguientes afirmaciones:
- El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima
Trinidad.
- Como Persona, aunque realmente distinta del Padre y del Hijo,
es también consustancial a Ellos; siendo Dios como Ellos,
El posee con Ellos una y misma Naturaleza o Esencia Divina.
- Procede, no por generación, sino por espiración
del Padre y del Hijo juntos, como de un unico principio.
Nombres del Espíritu Santo
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres
a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el
Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.
El Espíritu Santo, el don de Dios
"Dios es Amor" (Jn 4,8-16)
y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás.
Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el
Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).
Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos sido
heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión
de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo,
"La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios,
y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos
vosotros." 2 Co 13,13; es la que, en la Iglesia, vuelve a dar
a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado. Por
el Espíritu Santo nosotros podemos decir que "Jesús
es el Señor ", es decir para entrar en contacto con
Cisto es necesario haber sido atraído por el Espíritu
Santo.
Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo
nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu
Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios
son conducidos al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el
Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu
no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse
al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento
del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.
Vida de fe. El Espíritu
Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta
en la fe y nos inicia en la vida nueva. El es quien nos precede
y despierta en nosotros la fe. Sin embargo, es el "último"
en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad.
El Espíritu Santo coopera con el Padre y
el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación
y hasta su consumación. Sólo en los "últimos
tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del
Hijo, es cuando el Espíritu se revela y se nos da, y se le
reconoce y acoge como Persona.
El
Paráclito. Palabra del griego "parakletos",
que literalmente significa "aquel que es invocado", es
por tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús
nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os
dará otro Paráclito" (Jn 14,16). El abogado defensor
es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables
debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva
del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto
es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado
"otro paráclito" porque continúa haciendo
operante la redención con la que Cristo nos ha librado del
pecado y de la muerte eterna.
Espíritu de la Verdad: Jesús
afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la
vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en
aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles
en la Última Cena, dice que será quien después
de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma
verdad que Él ha anunciado y revelado.
El Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo. Los campos
de acción en que actúa el Espíritu Santo, son
el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción
entre la verdad y el error es el primer momento de dicha actuación.
Permanecer y obrar en la verdad es el problema esencial para los
Apóstoles y para los discípulos de Cristo, desde los
primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos,
y es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad a
cerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros
días sin alteraciones.
Misión del Espíritu Santo:
1. El Espíritu Santo es santificador:
Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función,
necesitamos entregarnos totalmente a Él y dejarnos conducir
dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos
y crecer todos los días en la santidad.
2. El Espíritu Santo mora en nosotros:
En San Juan 14, 16, encontramos la siguiente frase: “Yo rogaré
al Padre y les dará otro abogado que estará con ustedes
para siempre”. También, en I Corintios 3. 16 dice:
“¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu
Santo habita en ustedes?”. Es por esta razón que debemos
respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Está en nosotros
para obrar porque es “dador de vida” y es el amor. Esta
aceptación está condicionada a nuestra aceptación
y libre colaboración. Si nos entregamos a su acción
amorosa y santificadora, hará maravillas en nosotros.
3. El espíritu Santo ora en nosotros:
Necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza
espiritual para pedir que ore en nosotros el Espíritu Santo.
Dejar que Dios ore en nosotros siendo dóciles al Espíritu.
Dios interviene para bien de los que le aman.
4. El Espíritu Santo nos lleva a
la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos
del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje
cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente
esperanza.
El Espíritu Santo y la Iglesia:
Desde la fundación de la Iglesia el día
de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye,
anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones.
El Espíritu Santo sigue trabajando en la
Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando
a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al
proclamar la Buena Nueva de Jesús.
Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje
importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis
para promover un apostolado; etc.
El Espíritu Santo asiste especialmente al
representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe
rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño
de Jesucristo.
El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad
a la Iglesia.
El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos
y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no
realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siete
dones.
Los
siete dones del Espíritu Santo:
Estos dones son regalos de Dios y sólo con
nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen.
Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo
para poder actuar con ellos.
1. SABIDURÍA: Nos permite
entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder
juzgarlas rectamente.
2. ENTENDIMIENTO: Por él,
nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las
verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural
que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas
que nos manda Dios.
3. CIENCIA: Hace capaz a nuestra
inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con
su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe
las cosas del mundo.
4. CONSEJO: Permite que el alma
intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada.
Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos
por el camino del bien.
5. FORTALEZA: Fortalece al alma
para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza
en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir.
Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.
6. PIEDAD: Es un regalo que le
da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres
como hermanos, ayudándolos y respetándolos.
7. TEMOR DE DIOS: Le da al alma
la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios
que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su
lugar como la persona más importante y buena del mundo, a
nunca decir nada contra Él.
Símbolos
Al Espíritu Santo se le representa de diferentes
formas:
Agua: El simbolismo del agua es
significativo de la acción del Espíritu Santo en el
Bautismo, ya que el agua se convierte en el signo sacramental del
nuevo nacimiento.
Unción: Simboliza la fuerza.
La unción con el óleo es sinónima del Espíritu
Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado
para prepararlo a ser testigo de Cristo.
Fuego: Simboliza la energía
transformadora de los actos del Espíritu.
Nube y luz: Símbolos inseparables
en las manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende
sobre la Virgen María para "cubrirla con su sombra".
En el Monte Tabor, en la Transfiguración, el día de
la Ascensión; aparece una sombra y una nube.
Sello: Es un símbolo cercano
al de la unción. Indica el carácter indeleble de la
unción del Espíritu en los sacramentos y hablan de
la consagración del cristiano.
La Mano: Mediante la imposición
de manos los Apóstoles y ahora los Obispos, trasmiten el
"don del Espíritu".
La Paloma: En el Bautismo de Jesús,
el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre
Él.
Fuente: Catholic.net, Aciprensa.com, Devocionario.com,
Conferenciaepiscopal.es
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