Exposición y bendición Eucarística

 

Durante el tiempo de la exposición, se dirán oraciones, cantos y lecturas, de tal suerte que recogidos en oración los fieles, se dediquen exclusivamente a nuestro Señor Jesucristo.

Para alimentar una profunda oración, se deben aprovechar las lecturas de la Sagrada Escritura, con la homilía, o breves exhortaciones, que promuevan un mayor aprecio del misterio eucarístico. Es también conveniente que los fieles respondan a la palabra de Dios, cantando. Es preciso que se guarde piadoso silencio en momentos oportunos.

Ante el Santísimo Sacramento, expuesto por largo tiempo, se puede celebrar también alguna parte, especialmente las horas más importantes de la Liturgia de las Horas. Por medio de esta recitación se prolonga a las distintas horas del día la alabanza y la acción de gracias que se tributan a Dios en la celebración de la Misa, y las súplicas de la Iglesia se dirigen a Cristo y por Cristo al Padre, en nombre de todo el mundo.

Como inicio, se puede rezar o cantar al hacer la exposición del Santísimo Sacramento

En latín

O salutáris Hóstia Quae caeli pandis óstium. Bella premunt hostília; da robar, fer auxílium. Uni Trinóque Dómino sit sempitérna glória: qui vitam sine término, nobis donet in pátria. Amen.

En español

Oh saludable Hostia que abres la puerta del cielo: en los ataques del enemigo danos fuerza, concédenos tu auxilio. al Señor Uno y Trino se tribute eterna gloria: y Él, vida sin término nos otorgue en la Patria. Amén.

O bien este canto

Bendito, bendito, bendito sea Dios,
los ángeles cantan y alaban a Dios,
los ángeles cantan y alaban a Dios.

Yo creo, Jesús mío, que estás en el altar,
oculto en la Hostia te vengo a adorar,
oculto en la Hostia te vengo a adorar.

Oh cielo, oh tierra, cantad a una voz,
bendito, bendito, bendito sea Dios,
bendito, bendito, bendito sea Dios.

Jesús, rey del cielo, está en el altar,
su cuerpo y su sangre nos da sin cesar,
su cuerpo y su sangre nos da sin cesar.

Venid al banquete del Rey celestial,
lavados del alma sin culpa mortal,
lavados del alma sin culpa mortal.

Oh Médico santo, venidme a curar
las llagas que en mi alma dejó la maldad,
las llagas que en mi alma dejó la maldad.

 

Bendición con el Santísimo

Ofrecimiento del día

Señor Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, Madre nuestra, me consagro a tu corazón y contigo al Padre, mediante el Espíritu Santo, en tu Santo Sacrificio del Altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación por nuestros pecados. Y para que venga a nosotros tu Reino. Te pido en especial por el Papa y las intenciones que ha confiado este mes al Apostolado de la Oración. Amén.

Oremos

Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 Y a continuación se pueden decir las alabanzas de desagravio

Se reserva el Santísimo. Mientras, se puede decir o cantar

En latín

Laudáte Dóminum omnes gentes. Laudáte eum omnes pópuli. Quóniam confirmáta est super nos misericórdia eius, et véritas Dómini manet in aetérnum. Gloria Patri et Filio et Spirítui Sancto. Sicut erat in principio et nunc et semper, et in saécula saeculórum. Amen.

En español

Alabad al Señor todas las naciones; alabadle todos los pueblos. Porque su misericordia ha sido confirmada sobre nosotros, y la verdad del Señor permanece para siempre. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.