Confesión
Sacramental
El requisito básico para
hacer una buena confesión es tener la intención
de volver a Dios como el hijo pródigo y
reconocer nuestros pecados con verdadera contrición
ante su representante, el sacerdote.
Examen de conciencia
Se recuerdan los pecados preguntándose
sin prisa lo que se ha hecho en contra de los
mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia,
con plena advertencia y pleno consentimiento.
- ¿Cuándo
fue mi última Confesión? ¿Me
he acercado indignamente a recibir algún
sacramento? ¿He callado por vergüenza
algún pecado mortal en mis confesiones
anteriores?
- ¿He dudado o negado
las verdades de la fe católica? ¿He
puesto en peligro mi fe leyendo libros o revistas
contrarias a la fe católica o he asistido
a reuniones de sectas que no son católicas?
¿He sido supersticioso o practicado el
espiritismo?
- ¿He tomado el nombre
de Dios en vano? ¿He blasfemado? ¿He
jurado sin necesidad o sin verdad?
- ¿He faltado a Misa los
domingos o días festivos por mi culpa
y sin una razón grave? ¿He cumplido
los días de ayuno y abstinencia?
- ¿He desobedecido a mis
padres o superiores en materias de importancia?
- ¿Tengo enemistad, odio
o rencor contra alguien? ¿Rehúso
perdonarle? ¿He causado la muerte a alguien?
¿Me he embriagado, bebido con exceso
o tomado drogas? ¿He practicado, aconsejado
o facilitado el grave crimen del aborto?
- ¿He aceptado pensamientos
o miradas impuras? ¿He visto películas
inmorales? ¿He tenido conversaciones
vulgares o impuras? ¿He realizado actos
impuros solo o con otras personas, del mismo
o distinto sexo? ¿He usado indebidamente
el matrimonio? ¿He tomado píldoras
anticonceptivas o usado algún otro método
artificial para evitar tener hijos?
- ¿He tomado dinero o cosas
que no son mías? ¿Cuánto?
¿He restituido o reparado por el daño
causado? ¿He sido honrado en mis negocios?
- ¿He dicho mentiras? ¿He
calumniado o descubierto, sin causa justa, defectos
graves de otra persona, aunque sean ciertos,
pero no conocidos? ¿He hecho juicios
temerarios contra el prójimo? ¿He
reparado el daño que haya podido seguirse?
Si se recuerdan otros pecados,
deben mencionarse en la confesión.
Antes
de confesarse
- Dolor sincero por los pecados
cometidos. “El acto esencial de la penitencia,
por parte del penitente, es la contrición,
o sea, un rechazo claro y decidido del pecado
cometido, junto con el propósito de no
volver a cometerlo, por el amor que se tiene
a Dios y que renace con el arrepentimiento.
La contrición, entendida así,
es el principio y el alma de la conversión,
de la metánoia evangélica que
devuelve el hombre a Dios, como el hijo prodigo
que vuelve al padre, y que tiene en el sacramento
de la Penitencia su signo visible, perfeccionador
de la misma atribución. Por ello, ‘de
esta contrición del corazón depende
la verdad de la penitencia’… Es
bueno recordar que contrición y conversión
son aún más un acercamiento a
la santidad de Dios, un nuevo encuentro de la
propia verdad interior, turbada y trastornada
por el pecado, una liberación en los
más profundo de sí mismo y, con
ello, una recuperación de la alegría
perdida, la alegría de ser salvados,
que la mayoría de los hombres de nuestro
tiempo ha dejado de gustar”.
- El propósito de no volver
a cometer el pecado confesado (enmienda) es
señal de arrepentimiento genuino y sincero.
No es necesario prometer que jamás se
pecará en el futuro. La resolución
de evitar ponerse en ocasiones de pecado es
muestra suficiente de un arrepentimiento sincero.
La ayuda de la gracia de Dios junto con la intención
de rectificar dará la fortaleza para
resistir y vencer las tentaciones en el futuro.
Acto
de contrición
¡Señor mío,
Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador,
Padre y Redentor mío; por ser Vos quien
sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas
las cosas, me pesa de todo corazón haberos
ofendido; también me pesa porque podéis
castigarme con las penas del infierno. Ayudado
de vuestra divina gracia, propongo firmemente
nunca más pecar, confesarme y cumplir la
penitencia que me fuere impuesta. Amén.
O bien:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los Ángeles, a los Santos y a vosotros
hermanos, que intercedáis por mí
ante Dios, Nuestro Señor.
Podemos ahora confesarnos.
Confesión
de los pecados
- Se puede
empezar con la señal de la Cruz y saludar
al sacerdote con: “Bendígame,
Padre, porque he pecado” (o bien “Ave María Purísima”).
- El sacerdote le contestará
y entonces se pueden decir las palabras que
le dijo San Pedro a Jesús: “Señor,
Tú lo sabes todo, Tu sabes que te amo”.
A continuación se dice el tiempo que
hace desde la última confesión: “Mi última confesión
fue hace… (cuantos días,
meses o años aproximadamente)”.
- Se dicen los pecados que se
recuerden, empezando con los más difíciles.
Si se ha recibido alguna absolución general,
hay que decírselo al sacerdote junto
con los pecados mortales que se perdonaron.
- Si se tienen dudas, se siente
vergüenza o no se sabe cómo confesarse,
se le dice claramente al sacerdote. Él
ayudará siempre a hacer una buena confesión.
Basta con que se conteste honestamente a sus
preguntas. Nunca debe callarse un pecado por
vergüenza o por temor: hay que
confiar siempre en la misericordia de Dios que es nuestro Padre y quiere perdonarnos.
- Si no se recuerda ningún
pecado mortal, es bueno confesar al menos algunos
veniales diciendo al final: “Me
arrepiento de todos los pecados de mi vida pasada,
especialmente… (mencionar aquí
de manera general algún pecado por el
que se esté particularmente arrepentido,
por ejemplo, contra la caridad o la castidad)”.
- El sacerdote nos dará
la penitencia y algunos consejos que nos ayudarán
a ser mejores cristianos.
- Se escucha ahora con atención
las palabras de la absolución contestando
al final: “Amen”.
La penitencia disminuirá el castigo temporal
debido a los pecados ya perdonados.
Después de confesarse
Dé gracias a Dios por haberle
perdonado de nuevo. Si más tarde se acuerda
de algún pecado mortal que no haya confesado,
puede estar seguro que le ha sido también
perdonado, pero debe decirlo en la próxima
confesión.
|